¿Por qué me genera angustia pensar que siempre me estoy perdiendo algo?

Resumen:

En muchas ocasiones sentimos que no estamos donde tendríamos que estar y que la "acción" está ocurriendo siempre en otro lugar. Acompáñame a descubrir este efecto psicológico tan peculiar y como dejar que te afecte.

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Hace unos meses publicamos un artículo sobre el FOBO (Fear of Better Options), ese miedo persistente a tomar una decisión y descubrir después que había una opción mejor.

Hoy vamos a hablar de su “hermano silencioso”, igual de presente en la vida moderna: el FOMO (Fear of Missing Out), el miedo a perderse algo.

Quizás lo has sentido más veces de las que quisieras admitir. Estás viendo una serie y, sin saber por qué, abres Instagram. Ves a un amigo viajando, a otro emprendiendo, a alguien entrenando… y de pronto tu mente se llena de una sensación incómoda y se llena de preguntas aún más incómodas: ¿Estoy haciendo suficiente con mi vida? ¿Y si me estoy quedando atrás? ¿Y si hay algo mejor que esto y no me entero?”

No estás solo. Y no es casualidad que esta sensación te invada.

El FOMO no nació con las redes sociales, pero ellas lo multiplicaron como pocas cosas en la historia reciente. En esencia, es una mezcla de ansiedad, comparación constante y miedo a la exclusión.

Tu cerebro, programado hace miles de años para sobrevivir en tribus donde quedar fuera significaba peligro, interpreta hoy que “no estar presente” equivale a quedar fuera del grupo.

Cada notificación, cada historia, cada “evento que no deberías perderte” activa el mismo circuito emocional que antaño nos hacía estar atentos al fuego del campamento o a las señales de nuestros compañeros.

Solo que ahora el fuego arde en una pantalla.

Y nunca se apaga.

El FOMO es, en realidad, una versión moderna del instinto de pertenencia, desbordado por el exceso de información y estímulos.

El problema es que el FOMO no se queda en una leve incomodidad, se infiltra en nuestras decisiones cotidianas.

Aceptamos más compromisos de los que podemos cumplir.

Saltamos de una tarea a otra, buscando esa dosis de novedad.

Nos cuesta disfrutar del presente porque nuestra mente está en lo que no estamos haciendo.

Y, paradójicamente, cuanto más queremos estar en todo, menos estamos en nosotros.

 

Vivir con FOMO es como tener cien ventanas abiertas en el navegador mental y, entonces, el sistema se ralentiza, el foco se dispersa y la energía se diluye.

El resultado es conocido: ansiedad, agotamiento, indecisión y una sensación de vacío que se camufla bajo la apariencia de actividad constante.

Cada persona experimenta el FOMO de manera distinta, pero hay patrones comunes:

1. Baja autoconfianza: cuando no confías plenamente en tus decisiones, sientes que necesitas validar tu camino comparándolo con el de los demás.

2. Exceso de estímulos: el cerebro no está diseñado para procesar cientos de vidas ajenas en tiempo real.

3. Necesidad de reconocimiento: los “me gusta” y las interacciones actúan como pequeñas recompensas que alimentan el ciclo del miedo a quedar fuera.

4. Falta de propósito claro: cuando no sabes hacia dónde vas, cualquier dirección parece más atractiva que la tuya.

Pero aquí viene la buena noticia: el FOMO se puede reeducar.

Y no, no se trata de eliminar las redes o vivir desconectado del mundo, sino de reconectar contigo.

El coaching y la Programación Neurolingüística (PNL) trabajan directamente con los patrones mentales y emocionales que alimentan el FOMO.

No intentan eliminar la emoción (porque tener miedo a perder algo es humano), sino cambiar la relación que tienes con ella.

En coaching, el proceso comienza con preguntas poderosas:

 ¿Qué estás intentando demostrar cuando comparas tu vida con la de otros?

 ¿Qué parte de ti busca aprobación externa?

 ¿Qué perderías realmente si decidieras no mirar todo el tiempo hacia fuera?

Estas preguntas no buscan juzgarte, sino llevarte al punto donde recuperas el control de tu atención.

La PNL, por su parte, trabaja sobre los patrones inconscientes de pensamiento.

Por ejemplo, puede ayudarte a reprogramar la asociación “si no estoy allí, me quedo fuera” por una más saludable, por ejemplo: “Elijo conscientemente dónde estar, y eso me basta.”

 

Mediante visualizaciones, anclajes y técnicas de lenguaje interno, la PNL enseña al cerebro a sentirse en paz con la elección presente.

A disfrutar del “aquí y ahora” sin que la mente te arrastre al “allí y entonces”.

Combatir el FOMO no significa desconectarte del mundo, sino reconectar contigo.

Significa dejar de mirar tanto hacia fuera y volver a mirar hacia dentro.

Recordar que la plenitud no se mide en experiencias acumuladas, sino en presencia consciente.

Un proceso de coaching o de PNL te ayudará a:

 Identificar las creencias que te hacen sentir que “no estás haciendo suficiente”.

 Redefinir qué significa éxito y plenitud para ti, no para los demás.

 Aprender a tomar decisiones desde la calma, no desde la urgencia.

 Volver a disfrutar de los pequeños momentos sin miedo a perderte algo mayor.

La ironía del FOMO es que, en el intento de no perdernos nada, acabamos perdiéndonos lo más importante: nosotros mismos.

Nos convertimos en observadores de una vida ajena, olvidando que la nuestra está esperando que la habitemos.

Quizás la próxima vez que sientas esa punzada de ansiedad al ver lo que otros hacen, puedas recordar esto:

No te estás perdiendo nada si estás presente en lo que de verdad importa.

¿Y tú?

¿Cuántas veces has sentido que te pierdes algo… cuando en realidad lo que te faltaba era estar aquí?